Amantes de la fantasía, la ciencia-ficción, la magia (no trucos, LA magia) y los hechizos: hay una nueva serie para vosotros. Se llama ‘The Magicians’ y -como no podía ser de otra forma siendo el género que es- se estrena esta noche en SyFy España, un mes después de su preestreno en USA.
Si sois de los que disfrutaban viendo a Buffy cazar vampiros (tanto que pasabais por alto el tema de los efectos especiales) o quedasteis atrapados en el mundo mágico de ‘Once upon a time’, os gustará. Si sois de los que habéis devorado ‘Harry Potter’ -en todas sus versiones- tal vez también conozcáis la trilogía de Lev Grossman que SyFy ha adaptado para televisión con esta serie. Y, muy probablemente, os fastidien las comparaciones.
¿Es ‘The Magicians’ el Harry Potter de los mayores?

Sí, las comparaciones son odiosas, pero inevitables: ¿Una escuela para magos a la que se accede por una entrada secreta e invisible para los demás? ¿Qué descubre a un mago «especial»? ¿Seres malignos de otros mundos? ¿Hechizos y encantamientos? ¿Objetos voladores? Brakebills no es como Hogwarts, es mucho más oscuro. Es un Hogwarts extreme. Aunque hay un parecido razonable. Pero empezamos por el principio: ¿De qué va realmente ‘The Magicians’?
Como manda la tradición fantástica, hay un héroe en búsqueda de la verdad. Quentin Coldwater (Jason Ralph) se nos presenta como lo más antagónico a un héroe; más bien es un blando, el típico ratón de biblioteca atrapado por los libros de fantasía y con aparentes problemas psicológicos. Pero sólo porque él aún no ha descubierto quién es en realidad. La sociedad lo trata como un inadaptado, un bicho raro y en realidad lo es. Es en este punto donde entendemos que la referencia a los libros de J.K. Rowling sea inevitable.
Quentin cree que sólo es bueno haciendo trucos de magia. No es consciente de que tiene un don y no sólo una destreza, que la magia real existe y está entre nosotros.
«Vivimos en un mundo que es sólo un mundo entre muchos».
Pero, ¿de qué magia hablamos? No es la clase de magia que hace aparecer conejos en chisteras o la de los increíbles trucos -increíbles, pero trucos al fin y al cabo- de magos televisivos como ‘El Mago Pop’. Es la magia que convierte el ilusionismo, los efectos ópticos y el escapismo de los «magos tradicionales» en real. En cierto modo, la misma magia que aprende a dominar Harry con una varita mágica o unos cuantos encantamientos.
También en Brakebills -como en la Escuela para Jóvenes Talentos del Profesor Xavier en X-Men- cada cual tiene su talento. Tendrán que demostrar su potencial -no hay sombrero mágico- para saber a qué clase de magos pertenecen: hay quienes son capaces de burlar las leyes de la física. Hay lectores de mentes. Hay ilusionistas. Otros pueden materializar objetos y otras son capaces de pronunciar los hechizos más peligrosos.
«Esta escuela tiene una finalidad única y atemporal: revelar habilidades innatas y perfeccionarlas al máximo. Lo que se haga con ellas depende de cada uno».

Por eso hay un «lado oscuro» de «el Don», como el de la Fuerza en Star Wars (guiño, guiño). El bien no existe sin el mal y viceversa. Y en este lado oscuro acaban los que no hacen un uso adecuado de su Don. Los protagonistas de la serie se sitúan en uno u o en otro, o acabarán haciéndolo. Es lo que anticipan de la trama los primeros capítulos: cada cual tendrá que buscar su lugar en el mundo de la magia, sabiendo que hay fuerzas que ni ellos pueden controlar y que podrían llegar a consumirles.
«La magia no viene del talento, viene del dolor».
¿Es ‘The Magicians’ una versión mejorada de ‘Buffy’?
Sí y no. Y lo vamos a argumentar: sí, en cuanto a espectacularidad y efecto wow. Los vampiros/demonios/etc. de Buffy eran sencillamente cutres. No importaba, no era eso lo que tenía enganchada a tanta gente. Era más una cuestión de trasfondo. Los personajes no eran tan planos como en ‘The Magicians’ y era más fácil empatizar con ellos y perdonar el hecho de que la serie tuviera a veces tan mal acabado o momentos de serie z. Desde luego ‘The Magicians’ no cuenta -al menos de momento- con una Buffy.
Por eso en ‘The Magicians’ ponen toda la carne en el asador ya en su primer capítulo con un buen despliegue de efectos especiales de calidad. Una exhibición de poderío para no perder sus posibles fans con una historia inconexa, que va desgranando más misterios que pistas, pero muy efectista en lo que se refiere a la narrativa visual (y es aquí en lo que ganan puntos sobre Buffy). Un sólo episodio parece contener, además, mil referentes; televisivos, literarios y cinéfilos: desde ‘Once upon a time’ a ‘Embrujadas’ o la propia Buffy, pasando por Alicia en el País de las Maravillas o Las Crónicas de Narnia.
Igual no es casualidad entonces que Quentin fuera primero Sam en ‘Gossip Girl’ (amén de un montón de secundarios en series tan distintas como ‘Looking’ o ‘Manhattan’). Como dicen en este artículo del New York Post «es como si Harry Potter y ‘Gossip Girl’ se hubieran encontrado en el mundo de The Magicians». «E hicieran buena pareja», añaden en el L.A. Times.
Es la idea si quieres convencer a un público joven, mayoritariamente el target de la serie. Estos aprendices de magos están en los veintitantos, hacen fiestas, beben, tienen sexo levitatorio o juegan a revivir a los muertos.