Érase una vez, los hermanos Lumière crearon un aparato que conseguía grabar imágenes de la vida real, almacenándolas en una bobina, para poder verlas una y otra vez. La magia que desprendía este increíble invento llamado cine, no tardó en dar nuevos frutos. Esos primeros seres humanos que se acercaban a la pantalla quedaban deslumbrados ante quienes aparecían en las imágenes. Cuando las películas pasaron a contar historias de ficción, aquellos que protagonizaban esas increíbles aventuras se convirtieron en ídolos para el público.
Estrellas de cine
Es bastante lógico de entender. El cine supuso una forma de democratizar la cultura, de hacer llegar las grandes historias a cualquier lugar del planeta. Muchos nunca habían tenido la oportunidad de ir al teatro, por no hablar del acceso a la literatura o el arte. Pero, de repente, el cine conseguía que cualquiera pudiera tocar unos contenidos que eran capaces de narrar desde una historia en la ciudad a la caída del Imperio Romano.
Y tampoco nos puede extrañar la turbación que sentían los espectadores ante esas estrellas a las que veían reír, sufrir, amar... Pronto, hubo actores favoritos para el gran público, aquellos que sabían mirar con intensidad, besar con pasión, manejar la espada como si fuera su alma en ello… Así se estableció un star system que para muchos, era más sagrado que cualquier otra cosa.
La propia industria creó ese «sistema de estrellas». Estaban al acecho de nuevos y talentosos actores. Firmaban con ellos contratos de larga duración que les permitía colocarlos en la película que desearan, construyendo su carrera como mejor les conviniera y asegurándose el éxito de una nueva cinta simplemente con la inclusión de algunos nombres que el público idolatraba.
Y controlaba su imagen pública. A fuerza de identificar a la persona con el personaje, el actor pasaba a tener las cualidades del segundo: era valiente, romántico, bravucón o dulce, según el tipo de papeles que solía interpretar. El público veía a esas grandes figuras desfilar por la alfombra roja, vestir atuendos de lujo, vivir en mansiones… Pertenecer al star system era, para el común de los mortales, como pertenecer a una especie de Olimpo del cine, en el que todo lo maravilloso podía pasar.
Todavía hoy, algunos de esos nombres consiguen evocar en nosotros un encanto que se escapa a cada paso pero que deja una profunda vaharada de pasión en nuestra memoria. Hemos crecido viendo sus películas y así lo seguirán haciendo generaciones venideras. Porque ellos fueron las grandes estrellas y nosotros seguimos adorando cada uno de sus gestos. Éstos fueron algunos de los miembros más deslumbrantes del star system de la época dorada.
Vivien Leigh

Estamos en 1939 y un concepto como blockbuster aún no se ha inventado. Pero la industria de Hollywood está a punto de vivir uno de esos momentos inolvidables: ‘Lo que el viento se llevó‘ se estrena y sus actores van a convertirse, a partir de ese momento, en leyendas vivientes. El cásting para elegir a Escarlata O’Hara fue tan entretenido y tuvo tantas idas y venidas como el argumento de la trama. Finalmente, la elegida, entre muchísimas otras grandes actrices, fue Viven Leigh, quien interpretó a una de las «malas» más deliciosas de la historia del cine. Aunque la actriz siempre se decantó por el teatro, nunca podremos olvidar que participó en la considerada película más taquillera de la historia del cine, que consiguió que 200 millones de estadounidenses se acomodaran en la butaca para ver sus desventuras.
Cary Grant

La historia del cine la escriben en mayúsculas grandes nombres como el de este actor. Cary Grant representaba a ese modelo masculino en el que la perfección era una palabra que se quedaba corta. Eternamente elegante e impoluto, no perdía su sofisticada imagen ni siquiera en los momentos más complicados, ni cuando tenía que hacer reír, ni cuando una avioneta trataba de asesinarlo en ‘Con la muerte en los talones’. Precisamente, fue Hitchcock una figura primordial en su carrera y Grant, uno de los pocos actores masculinos que hizo mella en el director. Comenzó en grandes comedias de las llamadas de teléfono blanco, como ‘Historias de Filadelfia’ o ‘La fiera de mi niña’ y consiguió memorables personajes. Incluso, alabando al extremo sus cualidades, se ha dicho que sabía actuar de espaldas a la cámara. ¿Alguien da más?
Bette Davis

Cuando hablamos de grandes estrellas de la época dorada de Hollywood, nos imaginamos a actrices tan atractivas como inteligentes, apasionadas, independientes, con una gran sed de conocimiento… Nos imaginamos a alguien como Bette Davis. La actriz, una de las más grandes que haya pisado la faz de la Tierra, era resuelta, determinada, perfeccionista, malhumorada… y no dudó en enfrentarse a directivos y estudios como cuando trató de escapar del contrato que tenía firmado con Warner Bros a la que consideraba que le tenía esclavizada, obligándole a aceptar toda clase de papeles que a ella no le llenaban. Y es que el star system tenía un reverso pero que muy oscuro. No nos extraña que la gran protagonista de ‘Jezabel’, ‘Eva al desnudo’ o ‘La loba’ se quedara prendada de William Grant Sherry hasta el punto de casarse con él, entre otras cosas, porque él nunca había oído hablar de ella como actriz y no se sentía intimidado.
Humphrey Bogart

No era el más guapo, el más alto o el que tuviera la voz más embaucadora. Y, a pesar de eso, resultaba irresistible, pues tenía un tipo de encanto natural que no se puede fabricar, aunque sí rentabilizar en la gran pantalla. En 1936, ‘El bosque petrificado’ le lanzó a la fama, y así comenzó una carrera imparable de grandes éxitos. Se trata de uno de esos actores encadenados a una imagen y a un estereotipo. Todos lo recordamos con su cigarrillo, su sombrero, su gabardina… en grandes clásicos como ‘Cayo Largo’, ‘El halcón maltés’ o ‘El sueño eterno’. Además, fue Rick en uno de los títulos más icónicos, aplaudidos, imitados y referenciados de la historia del audiovisual: ‘Casablanca‘.
Greta Garbo

Como parece corresponder con muchas de las estrellas que veremos en este artículo, la vida de Garbo está llena de apasionantes claroscuros, verdades nunca confirmadas y oscuros secretos de ésos tan audaces que nos gusta creer que son verdad. La actriz de origen sueco fue de las afortunadas que consiguieron trasladar su éxito del cine mudo al sonoro, pues no fueron pocas las estrellas que vieron su carrera truncarse cuando su voz y su forma de declamar no se ajustaron a lo que Hollywood demandaba de su star system. Su carácter, serio y circunspecto, le valió incluso protagonizar titulares de periódico cuando se estrenó una película como ‘Ninotchka‘ en la que reía de manera incontenible en una secuencia. ‘La Garbo ríe’ nos hace darnos cuenta de cuánto influía la imagen que el público se hacía de los actores en el posterior éxito y promoción que podía alcanzar un filme.
James Stewart

Pero, no nos confundamos, que el público asocie personaje con actor no quiere decir que estos últimos no tengan que tener un talento camaleónico que les permita ponerse en la piel de cualquier individuo. A ese perfil de actores todoterreno se corresponde James Stewart, todo un maestro a la hora de hacer drama, comedia, thriller, western… siendo, precisamente, su versatilidad lo que le permitió trabajar con los mejores directores de su época e inmortalizar su nombre en títulos como ‘El hombre que mató a Liberty Vallance’, ‘¡Qué bello es vivir!’ o ‘Vertigo’. Su imagen, siendo atractiva, no se correspondía al del clásico galán que es capaz de destrozar corazones. Muchos le veían como el hombre de la calle, un individuo corriente y amable al que todos querrían tener por amigo, por lo que la identificación con el público funcionó de maravilla.
Katharine Hepburn

Hepburn también fue asociada a un tipo de mujer: divertida, decidida, independiente, segura de sí misma… su personalidad atravesaba a cada uno de sus personajes y, entre el gran público, siempre se la consideró el prototipo de mujer «moderna», aunque eso significara algo que nos puede parecer tan menor en nuestros días como salir a la calle con pantalones en lugar de una falda. Y a pesar de ser una mujer valiente y sin miedos vivió su estrellato con altos y bajos e incluso momentos de pesadilla. Se negaba a conceder entrevistas y declaraciones o a hablar de su vida privada, lo que nos dejó una fascinante historia (tan interesante como cualquier película) de amor oculto con una de sus coestrellas: Spencer Tracy.
Gary Cooper

Gary Cooper corresponde a la idealización absoluta de las estrellas de Hollywood que, con su vida, parecía refrendar toda esa magia que salía de la gran pantalla. Los espectadores querían ver héroes y era muy fácil reconocer a uno en este actor inmensamente atractivo que no sólo deslumbró por sus papeles, sino también por su atribulada vida amorosa, que le hacía popular tanto para las mujeres como para aquellos hombres que buscaban en él al hombre americano perfecto. Pues además, destacó como pocos al frente del considerado género estadounidense por excelencia: el western, siendo ese hombre duro y reservado que encierra atractivos secretos (aunque le torturen, esos secretos siempre son atractivos) en películas como ‘El virginiano’, ‘Solo ante el peligro‘ o ‘Veracruz’.
Ingrid Bergman

¿Puede una persona extremadamente tímida convertirse en uno de los mitos del cine? Eso fue lo que le pasó a Ingrid Bergman, quien aseguraba que uno de los aspectos que más le fascinaban de su carrera era poder ponerse en la piel de otras personas y dejar de ser ella misma. Sus inquietudes le llevaron a buscar nuevas cotas en el mundo del cine y no dejarse mecer por los suaves brazos de aquello que las majors prometían. Así, nació su idea de escribir a Rossellini, uno de los directores más personales de su tiempo, y pedirle trabajo. También fue el germen de su romance con el director y de uno de los escándalos más suculentos de Hollywood. Como fuera, que la actriz marchara para trabajar en películas alejadas de lo que se entendía debía conformar el status de una star aún la hace más interesante. Para nosotros, ella es inolvidable en películas como ‘Encadenados‘, ‘Juana de Arco’ o ‘Stromboli’.
Gregory Peck

Según el saber popular, un actor, para ser bueno, necesita talento a la hora de interpretar, ser capaz de hacer servir todos sus recursos, ser expresivo para conectar con el público. Pues bien, ninguna de estas características parecen cuadrar con Gregory Peck, nuestra siguiente estrella, al que, más bien, siempre han «acusado» de ser un mal actor. Sin embargo, tenía lo que se necesitaba: un tremendo atractivo y una presencia sobria que hacía que la cámara le adorara y los espectadores también. Se encumbró como uno de esos galanes cuyo sola mención hacía crecer el interés del filme. Algo que, por otra parte, no les hacía falta a grandísimas producciones como ‘Matar un ruiseñor‘, ‘Duelo al sol’ o ‘Recuerda’.
Rita Hayworth

Si alguna vez habéis probado las gildas, esas tapas de aceituna, guindilla y anchoa, cuyo nombre es un homenaje a la película de 1946, tal vez, hayáis valorado su sabor picante y explosivo, cualidades que el público siempre quiso ver en otra de esas mujeres consideradas volcánicas e irreductibles. Para entender el poder que ejercía la personalidad que cada major «daba» a sus estrellas, nos podemos fijar en otro de los míticos papeles de Hayworth, ‘La dama de Sanghai’. El complejo Orson Welles no cautivó comercialmente a los espectadores, a los que no gustó que a uno de sus símbolos sexuales le cambiaran la imagen de forma tan radical: le habían cortado el pelo.
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