La alta política, la de los despachos de los primeros ministros y presidentes del gobierno, no es un tema que se toque a menudo en la ficción televisiva. Tenemos títulos sobre vicepresidentes (como ‘Veep’), sobre secretarias de estado (como ‘Madam Secretary‘) y hasta sobre los administrativos de la oficina del presidente (¿os acordáis de ‘Moncloa, ¿dígame?‘); pero no hay tantas series centradas en los presidentes.
Presidentes reales, como Mariano Rajoy y Barack Obama, no tienen tantos ejemplos ficticios en los que encontrar inspiración, pero también es cierto que los que hay son casos muy destacados de primeros ministros de los que siempre se puede extraer alguna enseñanza. Hasta de cómo no hacer determinadas cosas.
Bartlet, el presidente ideal
Probablemente, el presidente ficticio que siempre se pone de modelo para los Mariano Rajoy y Barack Obama de la realidad es Jed Bartlet, el personaje ideado por Aaron Sorkin para ‘El ala oeste de la Casa Blanca‘. Estaba tan idealizado que su intérprete, Martin Sheen, era casi indistinguible para los espectadores estadounidenses de John F. Kennedy, en parte por la miniserie de 1983 en la que le había dado vida.
Bartlett afrontaba crisis de todo tipo ayudado por un equipo de colaboradores formado por gente inteligente y que intentaba ser justa, y él mismo era toda una eminencia con conocimientos de teología y hasta un premio Nobel de economía. ¿Quién no querría un presidente así de preparado?
Grant, el presidente de los escándalos
Si Bartlet es el espejo en el que todos los jefes de gobierno deberían mirarse, Fitz Grant, el presidente de la serie ‘Scandal’, ofrece casi el ejemplo contrario. Su relación con Olivia Pope, la «solucionadora» de crisis protagonista de la creación de Shonda Rhimes, nos muestra el lado menos aspiracional y amable de lo que puede ser una administración en el gobierno.
Grant es infiel a su mujer (con Olivia, claro), está rodeado de gente dispuesta a matar por conseguir sus propósitos, y dispuesta también a todo para mantenerlo a él en la Casa Blanca… Es mejor no seguir su ejemplo, por muy adictiva que sea la serie.
Nyborg, la presidenta de los acuerdos
A veces, es interesante que una serie política no nos enseñe tanto el ideal, o lo corrupto que puede llegar a estar todo, sino una aproximación a como es el día a día real de, en este caso, una primera ministra. Eso hace ‘Borgen’ con Birgitte Nyborg, que accede a la presidencia del gobierno de Dinamarca, a pesar de que su partido es el tercero más votado, porque los otros dos candidatos se ven envueltos en diferentes escándalos.
Nyborg tiene que conciliar su trabajo, y su imagen pública, con su vida familiar, tiene que buscar acuerdos con otras fuerzas políticas para gobernar el país… Y, curiosamente, lo que ‘Borgen’ mostraba, que era la llegada de una mujer por primera vez a ser primera ministra, se hizo realidad en Dinamarca un año después.
Allen, la pionera
En la ficción, Estados Unidos tuvo su primera presidenta en 2005, cuando Mackenzie Allen ascendía desde la vicepresidencia para ocupar el puesto del presidente, fallecido de un aneurisma. Así arrancaba ‘Señora presidenta’, título español de ‘Commander in chief’, que mostraba a Allen ganándose la confianza de todos lo que pensaban que iba a ocupar el cargo fugazmente.
Lo que sí fue efímero fue el paso de la serie por la parrilla, pues fue cancelada en su primera temporada. Los periodistas, además, criticaron que mostraba la presidencia como una manera de imponer casi por la fuerza los valores personales del comandante en jefe.
Roslin, la presidenta de la crisis

Si lo que los presidentes reales quieren es ver cómo hay que actuar en periodos de crisis realmente dramáticos (y también cómo no hay que actuar), no tienen más que fijarse en Laura Roslin, presidenta forzosa de las Doce Colonias después de que el ataque cylon con el que arranca ‘Battlestar Galactica’ elimine a todo el gobierno. Roslin se pasa la serie enfrentándose, y buscando acuerdos, con el comandante Adama, jefe de la flota militar, y tomando decisiones casi imposibles para garantizar la supervivencia de los humanos que no fueron eliminados entonces.
Su afición a tirar a gente por las escotillas de la nave no es demasiado recomendable, pero su capacidad de superación ante las dificultades que se le presentan (y el cáncer que sufre) puede ser una buena cualidad.
Underwood, el maquiavélico

Casi puede decirse que ‘House of cards’ es la historia de un congresista que manipula a quien haga falta, y por los métodos que haga falta, para acabar sentándose en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Frank Underwood es, desde luego, maquiavélico a más no poder, y un experto en detectar quiénes pueden ser las personas más adecuadas para utilizar en su ascenso a la cima.
En la serie, de todos modos, Frank no puede separarse de su mujer Claire (ni entenderse sin ella), y ambos se darán cuenta de que es mantenerse en lo más alto el auténtico reto, y que sus propias agendas personales pueden no estar en sintonía con el «gran plan Underwood».

