¿Quién no ha sucumbido a los poderosos influjos de los telefilmes? No importa si eres aficionado a las películas de Isabel Coixet o sólo ves series de HBO. Son gustos perfectamente compatibles con pasar las sobremesas del fin de semana enganchado a algún melodrama mortal. Igual que ver ‘Gran Hermano’ no está reñido con leer libros, aunque parezca imposible. Hay un momento para cada cosa.
Los telefilmes no son buenos per se. Simplemente, cumplen una función, como la telerrealidad o la tv-trash: entretenimiento banal, sin esfuerzo intelectual; desconexión mental total. Oír «(Lo que sea) mortal» es una invitación irresistible a quedarse amodorrado en el sofá: ya sabemos exactamente lo que nos espera porque así lo procuran al ponerle esa coletilla al título: que sepamos que estamos ante un telefilm de tomo y lomo, con todo lo que conlleva.
Tipología del telefilme
Dentro de lo predecibles y planos que son -como los actores- los telefilmes trabajan muchos géneros. Es fácil distinguir cuándo nos vamos a encontrar uno u otro, porque a veces el título en sí ya es un spoiler: cualquier cosa que se llame «mortal» es lo mismo que decir «mujer conoce a hombre que resulta ser un psicópata»; estamos ante un thriller y la chica está en peligro. Para prevenirnos -por si nos pilla en un momento «complicado»- de que nos empalagarán con una historia de amor con final feliz, usarán palabras más positivas en el título, como «esperanza», «ilusión» o «inolvidable».
¡Ojo! A veces pueden llegar a despistar vendiéndonos un drama como supuesto pastel inofensivo. Un truco: si empieza con una pareja enamorada, malo. No les espera nada bueno. Si la prota es una mujer sin pareja, a la que todos adoran porque es un ejemplo en su comunidad y nadie entiende por qué está sola porque además es guapísima aunque ella no lo sabe, acabará en boda; o como mínimo pescará a un buen chico que le prometerá amor eterno.
«Basado en hechos reales» podría ser un género en sí mismo. Algunas aportan documentación que lo acredita y otras apelan a nuestra credibilidad, sin más.
Suelen incluir un hijo para que todo sea mucho más complicado y entendamos por qué ella ni siquiera se molesta en buscar el amor. Ha perdido la fe en el amor. Pero él aparecerá para devolvérsela y se enamorarán. Antes del desenlace final habrá un giro dramático (el nudo) en el que él le decepcionará. Pero eso no es obstáculo para el amor, si la película se llama Un beso inolvidable (A Christmas Kiss) o Al límite de la esperanza,
Los telefilmes sobre fenómenos meteorológicos son un clásico del domingo. Quizás porque es el día de pasar en familia y es más fácil reunir a todos los targets con algo como Tornado Mortal que con un Romance Mortal. Y si un romance puede ser mortal, es fácil imaginar cómo acabará cuando se trata de un tornado. O de un tornado de tiburones; Sharknado vendría a ser la versión 2.0 de este sub-género de peli de sobremesa.
«Basado en hechos reales» podría ser un género en sí mismo. Algunas aportan documentación que lo acredita -«Fulanito fue sentenciado y actualmente cumple su condena en la prisión de…»- y en otras apelan a nuestra credibilidad, sin más.
El telefilme no sólo adapta sus tramas al horario: también a la época del año. La navidad es una excusa como otra cualquiera para recrear otra historia romántica. Aquí el niño cumple un papel fundamental. Puede que le pida a Santa Claus que sus padres vuelvan a estar juntos. Habrá milagro navideño, eso seguro. El día de San Valentín es el día del pastelón por excelencia: no esperéis encontrar otra cosa en la tele que romances con final feliz.
Obesión mortal

Amiga mortal (1986)
Para los guionistas de telefilmes, cualquier cosa en la vida es susceptible de convertirse en mortal: un romance, una duda, una amistad, un finde en la montaña… Pero, ¿por qué la muerte resulta tan vendible? Quizás la explicación sea la misma que en el caso de la fascinación que despiertan los antihéroes en la nueva era de la ficción: nos atrapa más lo complejo, lo oscuro, lo prohibido. Aplicado a los telefilmes, que uno de los protagonistas siempre acabe resultando ser el malo es la trama que nos atrapa hasta el final de la película. Y en USA la «fascinación» por los serial killers no es nueva; el cine la ha aprovechado continuamente.
A veces van mucho más allá de lo inteligible, desafiando a nuestro entendimiento con títulos como Esperanza Mortal. ¿Cómo puede ser mortal la esperanza, si es lo último que se pierde? Quizás la sinopsis dé alguna pista más…
«Joanne Connors es un obstetra de éxito cuya vida da un vuelco cuando su pareja en su clínica de fertilidad, el Dr. Jake Hines, es brutalmente asesinado. Tratando de reconstruir su vida, Joanne asiste a una función de caridad pródiga, donde conoce a Michael. Pero hacia el final de la tarde, Michael está muerto: asesinado. Pronto se hace evidente que la supuesta víctima del asesino era en realidad Joanne. Ahora debe darse prisa en descubrir quién la quiere muerta antes de que el asesino dar con ella otra vez.»
Vaya, quizás sea la esperanza de Joanne de rehacer su vida lo que esté muerto… Fin de semana mortal choca menos. Es una expresión que incluso podríamos haber llegado a usar. Un finde con gripe, en casa de los suegros, en el campo sin wifi o estudiando para un examen puede llegar a ser mortal. Pero no es que se hayan puesto tremendistas. Es que el finde acaba, literalmente, en muerte. Como no podría ser de otra forma si «un grupo de personas con problemas psicológicos se reúnen en terapia en una cabaña propiedad de su terapeuta». No la hemos visto, pero apostamos cualquier cosa a que, además, llovía.
No, en un teleflime no se puede ir de cámping ni alternar con extraños. No se puede ni dudar, porque si dudas, te matan, como en Duda Mortal. Aclaremos que aunque la muerte campe a sus anchas en estas pelis, lo de spoilearlo en el título no viene siempre de origen. Así, Sacrifice es en España Sacrificio mortal, Rush of Fear (algo así como ataque de miedo) se convierte en Ambición mortal, Something Beneath («Algo abajo») en Pesadilla mortal, Tipping Point («Punto de inflexión») en Locura mortal, y un Superfire en -sí, habéis acertado- Fuego mortal.
Internet ha hecho mucho por las tramas de los telefilms. Los chats son el hábitat natural de los psycho-killers de sobremesa y las divorciadas, sus víctimas favoritas. Por ejemplo, Duda mortal nos atrapa con la historia de «una escritora que está pasando por una crisis conyugal empieza a recibir mensajes de un admirador». Lo cierto es que se apunta a una web de contactos porque su matrimonio está muerto y en la sinopsis han querido ser muy benevolente con ella. En Telaraña mortal, «una madre divorciada es acosada online por alguien llamado Cybergod, y se une con un ex-policía para acabar con dicho acoso».
¿Por qué nos atrapan?

Edward Norton en El club de la lucha (1999)
No son ellas las que nos atrapan. Ni un buen guión -que no lo tienen- o una factura con unos mínimos de calidad. Es una combinación de factores. El horario es el determinante. Después de comer nuestro organismo está en un semi-coma inducido por la comida. El cuerpo nos pide reposo y el cerebro, que no le hagamos trabajar mucho. Y estas películas ayudan: ni los diálogos ni las tramas ni la historia van a hacernos pensar demasiado.
Incluso en el peor de los casos, si el sueño te vence, puedes pasarte media película durmiendo y despertar justo antes de la dramática resolución final -la asesina era la psiquiatra, por ejemplo- sin tener la sensación de haberte perdido nada. Entre otras cosas porque es más fácil adivinar quién será el asesino que desenmascarar al impostor en un capítulo de Scooby Doo.
Que los telefilmes sean tan predecibles ayuda, como reconoce la propia Directora de Antena de la cadena, Lola Molina:
«La gente sabe qué tipo de película va a ver, qué tipo de temáticas, aunque cada cinta sea diferente. Esto permite una gran fidelización de la audiencia”.
Acostumbrados como estamos, además, al binge watching (el modo maratón) es fácil quedarse atrapado cuando Antena 3, la reina por excelencia del telefilme, las emite de tres en tres cada sábado y domingo, desde las 16 hasta las 21 horas. Probablemente, nuestras horas más inactivas laboralmente, pero más activas en lo que se refiere a sofá y manta. Ni Mª Teresa Campos consigue arrebatarles el liderazgo de audiencia en su franja. Ni otras opciones de cine en otras cadenas. Está claro: los espectadores sienten pasión mortal por sus telefilmes.