«Culo veo culo quiero». Y si sale en la tele, más aún. Como diría Alaska, «todo lo controla es un alucine». Los informativos sesgan la actualidad, al elegir qué noticias convierte en relevantes (a veces sin serlo) en su Agenda. La publicidad seduce a nuestra mente consumista, con sus eslóganes y sus logotipos, avasallándonos sensorialmente. Y algunos personajes televisivos pueden llegar a influir a algunas personas, erigiéndose como líderes de opinión.
Lo mismo ocurre con las modas, las tendencias y lo viral. Gracias a la potencia del mensaje televisivo éste llega a millones de personas a la vez. «Si sale en la tele, es que se lleva o si lo dice la tele será verdad», se suele concluir. Por eso hace unas décadas los presentadores de informativos no podían salir en anuncios promocionando nada, ya que se consideraba casi una manipulación debido a la gran credibilidad y el peso que tenía su opinión en los espectadores. Luego se abrió la veda y a Matías Prats le dio por asustarnos anunciar seguros.
Se establece así un «pacto» no escrito: si se lo hemos visto u oído a los famosas… está de moda. Lo mismo ocurre con otros aspectos menos cuantificables, como los hábitos y las expresiones que adquirimos porque la tele las ha popularizado o incluso con la elección de una determinada vocación profesional. Sí, la tele también ha puesto de moda ciertas carreras universitarios y no sólo peinados, frases o productos absurdos de la Teletienda.
«Mari, hazme un Rachel»
Si vas a Nueva York, Los Ángeles o incluso a Gran Bretaña puedes pedirlo directamente así: the Rachel. ¿Y qué Rachel podría ser tan popular como para «patrocinar» un corte de pelo? Si la televisión influye en nuestras vidas, ‘Friends’ lleva 20 años sentando las bases de la amistad, gracias a las redifusiones. Y aunque la serie ha envejecido en estilismo, el corte de pelo de Rachel Green en la primera temporada aún tiene adeptas (en este post fueron más allá y jugaron a ver cómo le quedaba al resto).
Lo inventó para ella Chris McMillan de Los Angeles’ Estilo salon, pero pese a haberlo hecho famoso, Jennifer Anniston ha confesado que no era su mayor fan porque requería mucho trabajo y artefactos que castigaban mucho su melena rubia y con tendencia a ondularse. En nuestro país vivimos un fenómeno similar aunque menos viral que por suerte duró poco: el flequillo de Julia Otero en ‘3×4’. ¿Alguna afectada en la sala?
Para adentro, Romerales
¿Quién no ha aprovechado la ocasión para recordar esta frase al que se pelea con las puertas? La ficción nos ha dejado multitud de perlas de sabiduría, como que «el cielo es azul porque el mar se refleja en él», que decía Julia a los chavales de ‘Verano Azul’; buenos consejos para la vida, como imponer «Un poquito de por favor» al estilo del portero de ‘Aquí no hay quien viva’; frases al principio graciosas y con el tiempo (y la repetición infinita) odiosas, como el insoportable «¿He sido yo?» de Steve Urkel.
Pero también sentencias que han convertido a sus autores en gurús, como a House con sus juicios sobre la raza humana («Todo el mundo miente»). Algunas deben su fama a que son emblemáticas para la serie y sus fans como el «nos estábamos tomando un descanso» de Ross y Rachel en ‘Friends’ o todas esas veces que Desmond se despide en ‘Lost’ con su «te veré en otra vida, colega».
Los cocinillas (y por extensión, la Thermomix)
Porque han visto ‘Masterchef’ o ‘Top Chef’ y se han venido arriba. Porque así el cuñado añade a su lista de habilidades -como apañarte esas fotos en Photoshop o formatearte el ordenador- ser un cocinillas; y se siente un triunfador en la cena de nochebuena. Porque ya que hay que comer, por qué no hacerlo a lo grande; y a la vez fácil: la fiebre por la cocina ha convertido a la Thermomix el negocio del año. En España se concentra su mayor grupo de fanáticos y han vendido 12.000 unidades sólo en un mes de su último modelo, la TM5 (sí, esto es como los iPhone, hay generaciones de robots de cocina).
La RAE está tardando en aceptar «Tróspido»
No puedo jugar la baza de la «almóndiga», porque es una leyenda urbana que se considere semejante patada al diccionario como correcta. Pero es cierto que tróspido es más que un vocablo. Es un formato televisivo, es una forma choni de ver la vida, es ese tufo bazarchinesco, horripilante y fascinante a partes iguales que destilan los programas tipo ‘¿Quien quiere casarse con mi hijo?’ o la mayoría de concursantes de ‘Gran Hermano’. O, según El Hematocrítico, que lo tomó prestado del folklore lingüistico gallego y se erigió en el mayor experto en la materia, el programa de Bertín y ‘Casados a primera vista’.
Insane Print Animal Fever
Cuando Belén Esteban se pasó casi dos meses en la casa de ‘Gran Hermano VIP’ echándose la siesta con un pijama print animal violeta en dos piezas El Corte Inglés agotó todas sus existencias del producto, vendiendo la friolera de 11.000 unidades (tan trending como la Thermomix) en dos semanas. Parece una noticia digna de ‘El Mundo Today’. Sin embargo, el influjo de la princesa del pueblo sobre su audiencia es fuerte: son los mismos que convirtieron en best-seller su «autobiografía» o que le dan picos de audiencia a ‘Sálvame’ cuando la de Móstoles tiene algo nuevo que contar. Eso sí, lo que ganó en GH gracias a su pijama lo donó a obras sociales.
La Batamanta
Otro complemento de abrigo doméstico, pero mucho más divertido (y versátil). Es difícil conocer a alguien que la tenga pero más aún a alguien que no sepa qué es. YouTube se encargó de viralizarla para los no noctámbulos que nunca habían visto el anuncio en esos maratones de teletienda, minutos musicales y bingo online que que ofrece la TDT durante la madrugada. Tan famosa es que le han salido hasta imitadores: por 12,90 € se puede adquirir una «Bata con Mangas» en La Tienda en Casa. Pero la auténtica tiene web oficial y posibilidades infinitas: deluxe, con print animal, para combinar con el pijama de Belén… «También Batamantas para parejas», reza el anuncio.
Los cupcakes, los manolos y el cocktail Manhattan
Por su propia idiosincrasia -cuatro mujeres con una intensa vida social y de hábitos cool, todas it-girls en su estilo y viviendo en Manhattan- ‘Sex and the City’ siempre fue una creadora de tendencias. En lo último en autosuficiencia para mujeres independientes, todo lo que dijera Samantha. En lo referente a la moda, todo lo que llevara Carrie, como el colgante con su nombre o los prohibitivos zapatos de Manolo Blahnik (AKA, Manolos). Si se trata de curarse de la enésima decepción del Mr. Big de turno, premio de consolación en forma de cupcakes de Magnolia Bakery (incluida en los recorridos turísticos seriéfilos de la ciudad) y si hay que brindar, sea por lo que sea, siempre con unos Cosmos.
«Khaleeeeeeeessi! andando ya para casa»
Que ‘Juego de Tronos’ es la serie más mainstream lo demuestran detalles como que ya hay 72 niñas en España que se llaman Arya, como una de las hijas de los Stark. De momento es el único nombre que ha calado en nuestra sociedad -un fenómeno que ya vivimos en los 90 con ‘Cristal’- pero en EEUU van mucho más allá nombrando princesas a sus niñas. Khaleesi no es un nombre propio, sino un título. Pero su sonoridad unido a la fuerza del personaje gobernando un ejército de Dothrakis ha convencido ya a 755 parejas de padres yanquis que han llamado así a sus retoños.
«Smart is the new sexy»
La inteligencia es sexy en la nueva era de la ficción. Y Noelia Martínez dedicó todo un artículo en este blog a exponer los motivos, representados en todos esospersonajes nerds con los que nos hemos encariñado. Ya no se ocultan en sus partidas de rol: se relacionan con otros seres humanos e incluso tienen novia. IMO, lo freak se ha democratizado porque hemos aprendido a apreciar lo que antes sólo ellos veneraban. Ellos se leyeron El Señor de los Anillos antes de que el resto de mortales flipara en el cine. Antes sólo los «raritos» se sabían los diálogos de Star Wars. Pero reconozcámoslo: la saga de la Guerra de las Galaxias contiene muchísima sabiduría (y grandes escenas dignas de recordar). Otra cosa es ese que va disfrazado de Obi-Wan Kenobi o de Chewbacca al estreno. Hemos aprendido a entender esas cosas que creíamos «oscuras», a mirarlas por lo que son y no estigmatizarlas ni etiquetarlas.
Es vuestro turno de dar testimonio: ¿habéis caído víctimas de alguna moda televisiva? ¿O adoptado las coletillas de los personajes en vuestras conversaciones? ¿Qué moda catódica os ha impactado más? Podéis compartir vuestras experiencias (y pasado deshonroso) en nuestra sección de comentarios.





