Lo de robar planos también se da mucho en la animación. Las series de dibujos para adultos y sus profusos universos están repletos de personajes secundarios que llegan a hacer sombra a los protagonistas y a los que a veces el público da más importancia que la propia serie, que no acaba de darles el desarrollo que tal vez nos gustaría. ¿O no hay más de un habitante de Springfield que merecería acaparar los veinte minutos de capítulo para contarnos su historia? ¿Qué hay detrás de esos animados secundarios de los que sabemos tan poco? ¿Qué pasa después, cuando termina su gag? Hoy queremos elevarlos a la categoría de protagonistas, ahondando en sus vidas secundarias.
‘Padre de familia’: Consuela
Si algo caracteriza a ‘Padre de Familia’ es su falta total de escrúpulos. Su tono ácido va mucho más allá de lo que se han atrevido otras series de animación, que siguen manteniendo algún tipo de filtro o sistema de criba de lo políticamente incorrecto o lo ofensivo. La serie de Seth MacFarlane (creador también de ‘Padre Made in USA’ o ‘El Show de Cleveland’) tiene encima a tropecientas asociaciones que se sienten deshonradas -y no sin motivos, si no fuera porque es una ficción y deja muy clara su condición de parodia llevada al extremo- por lo radical e irrespetuoso de su humor. Sí, a veces te sientes mal de reírte de ciertas bromas. Pero eso es precisamente lo que pretenden, en última instancia: mostrar el peor lado del ser humano y de nuestros pensamientos en un mundo que cabalga entre lo realista y lo ficcionado, en el que todo tiene una doble lectura (así interpretan la leyenda de la cigüeña que trae a los bebés de París y temas como las drogas se afrontan de la manera más dramática: usando personajes de la cultura popular infantil, como Tricky (adicto a las galletas) o Cheetos.
Un claro ejemplo del tono gamberro de la serie son los clichés racistas, representados por Consuela. Ella es la típica (y atípica) mujer de la limpieza de origen hispano -mexicana- y tiene evidentes problemas con el inglés y el teléfono, como demuestra en el gag de más arriba, para mi, su intervención más memorable en ‘Padre de familia’. Siempre viste su uniforme de limpiadora (o chándal en modo confort) y va armada con su pistola multiusos, su Lemon Pledge y su Windex, al que no renuncia ni aunque se lo pida Misser Vader y que lo mismo le vale para limpiar que para retocarse antes de una cita con su marido en la frontera mexicana. En cualquier caso, los juegos de palabras y los equívocos lingüísticos sólo los podéis apreciar en la versión original (subtitulada, no pido tanto), que recomiendo encarecidamente para que la escuchéis hablar inglés al estilo de Yoda; en el original es el mismísimo Cleveland Brown (o sea Mike Henry) quien le pone voz, marcándose además un crossover.
«We need more lemon pledge»
Aunque ahora es uno de los personajes más célebres de la serie, Consuela y su famosa frase no aparecieron hasta la sexta temporada. Desde el principio se esforzaron por dejarnos claro que esta pobre mujer no entiende nada sobre el país (y a veces sólo lo pretende) ni siquiera (https://www.youtube.com/watch?v=uklF7VtqJq8) para qué sirve el sistema judicial. Es una señora de pocas palabras, si acaso un «no, no, no…» y prefiere pasar desapercibida, aunque ha trabajado en casas tan importantes como la Fortaleza de la Soledad de Superman, la mansión de James Woods o el Palacio de Jabba. También para los Griffin, que la contrataron temporalmente en Perro muerto (8×08) pero intentaron despedirla antes de que acabara el capítulo. No sólo la hemos visto limpiar: también representar a México en una final de curling, participar en un programa de televisión políticamente incorrecto (‘¿Es usted más listo que una limpiadora hispana?’) o secuestrar a Stewie para convertirlo en su pequeño bebé hispano, Ernesto. Consuela tiene el spin-off ganado. Estás tardando, Seth MacFarlane…
‘Los Simpson’: Hans el Topo
“Me llamo Hans. La bebida ha arruinado y mi vida… ¡y ya tengo 31 años!”
¿Cuántas veces habrán matado al pobre Hans en ‘Los Simpson’? ¿Cuántas desgracias no habrá sufrido? Enterrado vivo, atacado por los pájaros del santuario de pájaros, quemado por el sol, por accidente de tráfico, aplastado en la rebelión de los sofás (“El gag del sofá” del 17×22), lobotomizado por el Sr. Burns… Lo cierto es que este hombrecillo de menos de metro y medio y con cabeza “de cacahuete” no tiene suerte en la vida. Una vida para la que Matt Groening no parece tener un master plan. Aparte de conducir mal (a veces hasta camiones, como aquella vez que trasladaba la casa de Edgar Alan Poe) y de que una vez dirigió un corto (Hombre golpeado por balón de fútbol) no sabemos muy bien a qué se dedica. O a qué se dedicó para estar en la cárcel condenado a muerte (y para colmo de sus males, Homer le roba su última cena). Aunque también quiso adoptarlo en aquella ocasión en que se hizo pasar por Bart inflitrándose en la familia (El heredero de Burns, 5×18).
En Sin Duff (4×16) gracias a la desintoxicación (temporal) de Homer descubrimos que Hans es alcohólico y que, pese a su vetusta apariencia, sólo tiene 31 años. Como él mismo confiesa, la bebida ha arruinado su vida. Y lo certificamos en En el nombre del abuelo (20×14), cuando vemos por primera vez -osaría afirmar- que efectivamente hay un Sr. Topo más viejo que él y que vive en El Castillo del Jubilado con el Abuelo Simpson. Aunque el mismo Hans podría pasar por uno de ellos. Sin embargo, incongruentemente, seis temporadas antes (Los tres gays del bloque, 14×17), aparecía por sorpresa entre la multitud de una discoteca gay con un uniforme de soldado, buscando la reunión de veteranos de guerra y confundiendo a un gay disfrazado con su coronel.
Una vez más, Groening sigue jugando a la ambigüedad con la vida de Hans: ¿es joven o viejo? ¿es un viejoven? ¿está soltero? Eso entendemos cuando le vemos en su desastrosa noche de cita con Selma, una de las hermanas de Marge (La elección de Selma, 4×13). E incluso llegamos a visualizar cómo serían sus hijos, los topitos. Pero en reali dad, sabemos por Homer y el deporte en pareja (17×22) que podría haber una Sra. Topo. Me quedo con este final feliz para despedir al bueno de Hans.
‘Futurama’: Bender
Bender es la criatura más incorrecta de Matt Groening. Homer es un desecho de virtudes al lado de este robot deslenguado, adicto a muchas cosas, cleptómano y capaz de vender a cualquiera por dinero e incapaz de respetar a una sola mujer-robot (o robopilingui) salvo aquella vez que se enamoró de una condesa robótica a lo Di Caprio en Titanic en Un viaje inolvidable (1×10). Bebe aceite, fuma puros. Vaguea la mayor parte del tiempo, sentado ante la tele y su culebrón favorito ‘Todos mis circuitos’. Si abre la boca es para ofender a alguien. Eso, sí, su mamá, de la Fábrica de robots de mamá donde fue creado, es lo único sagrado para él. Por ella estuvo a punto de destruir la Tierra para celebrar el Día de la Madre (2×15). Sólo ella es capaz de sacar su lado bueno: “Mamá, tú me creaste, y la culpa hay que echarte de todo el amor que siento cuando oigo nombrarte.”
Ex-doblador retirado, Bender Doblador Rodríguez es oficialmente -aunque trabaja más bien poco- el cocinero de Planet Express, una empresa de mensajería intergaláctica que viaja por todo el Universo (o universos) repartiendo paquetes. Estamos en el año 3000 y en La Tierra los coches vuelan, las langostas hablan, Nueva York es Nueva Nueva York y en sus cloacas viven seres mutantes y en la superficie se colocan cabinas de suicidio que funcionan con monedas. Cuando Bender descubre que su trabajo de doblador de vigas servía para construirlas se siente tan mal que quiere suicidarse. Hasta que conoce a Fry. ‘Futurama’ es la historia del futuro vivido a través de los ojos de Fry, un habitante del siglo XXI que se criogenizó por error en 1999 para despertar mil años después en un mundo que ya no era el suyo, ese en el que los robots eran algo aún demasiado futurista.
“Besa mi brillante culo metálico”
Ni él ni los ingenieros de su tiempo imaginarían que el progreso acabaría degenerando en Bender o que habría un infierno para robots o que se convertirían en el peor ser humano que podrían ser. ¿Qué diría Asimov? A Bender le dan igual las leyes de la robótica y cualquier cosa que no sea él o su amigo Fry (y no siempre). Es la voz de la mala conciencia del grupo. O, más bien, a juzgar por frases como «llámame anticuado, pero me gusta que un abandono sea tan imprevisto como cruel» lo más acertado sería decir que no sabe qué es eso de la conciencia. O, en todo caso, se montaría su propia conciencia, “con casinos y furcias”. O mejor pasaría de la conciencia, “sólo casinos y furcias”
‘Las Supernenas’: Mojo Jojo
«He secuestrado al Profesor Utonium, me lo he llevado contra su voluntad. Si le buscáis en los sitios en los que suele estar, no lo encontraréis. Él está conmigo, pero no por elección propia. Me lo llevé y a él no le gustó. Este mensaje es de y fue escrito por:
Mojo Jojo»
¿Qué sería de una serie de superheroínas sin un villano que ansíe dominar el mundo? ‘Las Supernenas’ siempre consiguen arruinar los malvados (y casi siempre disparatados) planes de Mojo Jojo de gobernar Townsville (por cierto, una ciudad real de Australia) desde su observatorio. Mojo Jojo es un simio con una inteligencia súperdesarrollada pero enteramente dedicada a hacer el mal y con un claro problema de incontinencia verbal. El origen de Mojo está unido al de sus archienemigas, como descubrimos en El regreso de Mojo (1×07). Entonces era el ayudante de laboratorio -pésimo, por cierto- del Profesor, y en una de sus trastadas hizo que Utonium derramase la famosa «sustancia X» y la añadiera a la fórmula. Así se crearon las Supernenas, pero también a su némesis, que mutó para convertirse en el mono más inteligente (y pesado) de su especie gracias a su grotesco cerebro, que oculta bajo el sombrero.
El destino de Mojo Jojo es pura ironía: no puede acabar con lo que él ha creado. Para contrarrestar el poder de las Supernenas, se le ocurrió crear unos alter ego, Los Supernenes (1×12). En lugar de la fórmula bonita, Mojo utilizó pelos de sobaco de presos musculosos, caracoles y la cola de un perrito parlante («snips, n’ snails, n’ puppy-dog tails» rima en el original) añadiendo la «sustancia X» del WC (química pura) para dar vida a algo más masculino y poderoso, unos malotes que no respetan ni a su propio padre y a los que adoctrina para acabar con Pétalo y sus hermanas.
Es una de las pocas ocasiones en las que Las Supernenas pierden una pelea, e incluso llegan a morir, pero, como en cualquier serie de animación, para el final del episodio (de 22 minutazos) todo vuelve a ser como antes y el malo pierde. Y aunque siempre fracasa, al menos reta a las pequeñas hermanas a deshacer sus entuertos, como cuando convierte a todos los ciudadanos de Townsville en perros (Hola Mono, Adiós Perritos, 1×02) y a ser dignas contrincantes, pese a que él cuenta con su ingenio maléfico, sus inventos y sus armas; hasta un niño piojoso llega a utilizar para espantar a las Supernenas (Piojos al Ataque, 2×09). Tampoco dudará en aliarse con los otros malos, Los Ameba, para hacer más fuerza, como en Los Cuatro de Townsville o El Fenómeno Beatles (3×12); un homenaje de la serie a su público adulto (que lo tenía) y una lección musical para el infantil.
‘Padre Made in USA’: Reginald el Koala
«Hailey no me habla…Lo he intentado todo”
“A mi también me rompió el corazón pero nos dijo a ambos que necesitaba espacio… Haz como yo, sal con otras tías sin compromiso. Ahora estoy saliendo con un pibón, trabaja en el burguer del aeropuerto. Tiene los brazos llenos de quemaduras. ¿Voy a casarme con ella? Claro que no, pero tampoco se lo voy a decir”
No es Mofli. Pero no es un koala cualquiera. Si bien Reginald cuenta con esa adorabilidad de peluche de los de su especie (una ventaja añadida cuando eres espía y nadie puede saberlo) no deja de ser un agente de la CIA encerrado en el cuerpo de un koala. Y antes de eso, un vagabundo que se ofreció sin saberlo como conejillo de indias para un peligroso experimento de la Agencia, engatusado por un plato de comida caliente. Se siente miserable en su cuerpo de marsupial porque le gustaría llevar una vida más humana, junto a Hailey Smith. por ejemplo y por eso siempre está de mal humor.
Reginald no puede ocultar que está enamorado de la hija mayor de su compañero de trabajo (y así se lo confiesa en Un matón para Steve, 5×16), pero su anatomía animal y el novio fumeta de Hailey (al que comparan en cierta ocasión con Shaggy de ‘Scooby Doo’ , toma guiño, leyenda urbana) son dos obstáculos insalvables para la relación. Tendrá que vivir frustrado por sus limitaciones, como le ocurre a Klaus, el alemán que vive en una pecera condenado a ser un vulgar pez naranja sin compañía. Sin embargo, nada impidió al jefe de la CIA enrollarse con Hailey en Bullock contra Stan (1×08) y a Reginald defender su honor luchando a muerte con su superior (gracias a sus conocimientos de capoeira) en 100 A.D.(6×01), el capítulo 100 de la serie, que celebraron, precisamente, matando a 100 secundarios.
El hombre-koala no es el único personaje peculiar que aparece en ‘Padre made in USA’: para completar su pintoresca familia, los Smith tienen a un propio extraterrestre viviendo en el desván que, como Alf, tiene que ocultarse de las visitas. Aunque este alien -Roger- lo hace transformándose en infinitos personajes gracias a su valiosa colección de pelucas y disfraces. Y no come gatos, pero tiene otras costumbres mucho más bizarras. Es normal contar con un reparto así si hablamos de una serie de Seth MacFarlane, muy dado a conceder humanidad a los animales, que a veces conviven -sin explicación alguna- con el resto de sus personajes. Y si es MacFarlane el que ha de retratar los entresijos de la CIA, es de esperar que lo haga basándose en el ideario colectivo que han ido creando la propia cultura popular, los documentales conspiranoicos o series como ‘Expendiente X’ y en esa imaginación… desbordante.


