Dentro de los infinitos recursos televisivos que encontramos para que una serie sea más interesante, hoy vamos a hablar de los personajes fantasma, que son aquellos individuos de los que oímos hablar una y otra vez, por boca de otros personajes, pero a los que nunca ponemos rostro, pues los guionistas tienen buen cuidado en no hacerles presentes nunca.
El que parte el bacalao
En 1952, Samuel Beckett publicó la obra de teatro ‘Esperando a Godot‘, una pieza perteneciente al teatro del absurdo en la que los protagonistas se pasaban gran parte del relato esperando a un personaje que nunca llegaba. No sabíamos quién era Godot, pero su importancia se hacía más y más grande cada vez que lo mencionaban. El espectador no podía dejar de inferir que la existencia de este individuo era terriblemente fundamental para la vida de los demás y así, crecía la leyenda en torno a una figura que nunca era presentada.
En televisión, el recurso de los personajes fantasma tiene muchas vertientes y una de las más importantes es la del personaje poderoso, que sabe y conoce la verdad sobre la trama y que se oculta ante los demás y ante nosotros, los espectadores, en una clara correlación: si no somos capaces de llegar al individuo, es porque tampoco nunca seremos capaces de saber todo lo que la realidad nos oculta. Se entiende como una gran metáfora en la que la incapacidad de ver se relaciona con la incapacidad de comprender.

Uno de los personajes fantasma más famosos de la televisión es Charlie, el jefe de esas tres agentes tan atractivas como capaces de luchar contra el crimen. Su importancia es tal que incluso aparece en el título de la serie ‘Los ángeles de Charlie‘. Nunca vimos su cara, sólo oímos su voz, o, en este caso, la del actor John Forsythe. Pues bien, incluso con esas pequeñas intervenciones al principio y al final del capítulo, dentro de una ficción en la que los arquetipos del bien y el mal eran totalmente planos y no se dudaba de las cualidades morales de Charlie, el hecho de no contar nunca con su presencia fue uno de los ingredientes principales de la serie, que hacían que la audiencia recelase sobre cómo sería en verdad un sujeto tan escurridizo.
Las series saben jugar con la mente y aprovechan ese fenómeno que indica que nuestra imaginación es capaz de agrandar hasta límites insospechados aquello que no vemos. El Gerente de ‘Carnivale‘ estaba construido bajo esas premisas. Todo el universo de esa mágica serie tenía recovecos oscuros y misterios de los que invitan a sumergirse, y a ellos, contribuía la presencia de quien dirigía el circo, quién dictaba los pasos del resto de personajes sin dar pistas sobre sus motivaciones. Así, lo que para el espectador se presenta como un enigma sobre la identidad y los deseos del oculto personaje, para el guionista es una útil herramienta con la que puede jugar a su antojo, sin tener que ofrecer justificaciones. Asumimos que este personaje es más sabio que nosotros y le seguimos sin pestañear.
La característica de omnipotencia está muy presente en este tipo de personajes. Incluso para las series juveniles como ‘Pretty Little Liars‘ o ‘Gossip Girl‘, les viene de maravilla contar con un individuo que, de repente, lo sabe todo. No sabemos por qué ni cómo lo aprendió, porque nos resulta tan atractiva su existencia que no nos planteamos nada más, como un dios venido para dirigir los dramáticos destinos de unos títeres que existen para divertirnos.
Condena familiar
Por supuesto, la inclusión de los personajes fantasma no siempre tiene que ver con asuntos trágicos, sino que, más bien, es una herramienta muy empleada en las sitcom como elemento altamente humorístico. En muchas de nuestras comedias favoritas, tenemos a individuos de los que se habla constantemente, pero a los que nunca vemos. Seguro que la imagen que nos formamos en la mente es mucho más exagerada que la que cualquier actor podría ejecutar.
La madre de Howard, la señora Wolowitz, en ‘The Big Bang Theory’, ha sido uno de los últimos grandísimos personajes fantasma. Hasta el punto de que el fallecimiento de la actriz que le ponía voz, Carol Ann Susi, tuvo gran repercusión en el panorama audiovisual. Los gags que se formulaban a cuenta de su «terrorífico» aspecto eran potenciados por los objetos que veíamos, una manera muy inteligente de ayudar a configurar una imagen mental.
Es sorprendente la cantidad de personajes fantasma que se refieren a familiares de los protagonistas. Las relaciones de parentesco son siempre fundamentales para trazar cualquier trama y la influencia de los padres o los cónyuges es vital para el desarrollo de nuestra personalidad. Los padres de Steve Urkel en ‘Cosas de casa’ nunca salían, pero las referencias que el personaje hacía de ellos nos llevaban a comprender que prácticamente le odiaban. Los creadores de ‘Cheers‘ y ‘Frasier‘ supieron sacar toda la comicidad a este recurso con la no presencia de las esposas de Norm y Niles. Sujetos ligados para siempre a las figuras de sus esposas, ayudaban a crear multitud de chistes a su alrededor, construyendo un mito a su alrededor. Muchas veces, la inclusión de un personaje fantasma sirve precisamente para eso, para hacer humor con él o, como hacía el teniente Colombo cuando mencionaba a su esposa, para dar una opinión propia en boca de una persona que no puede defenderse.
El mundo de la animación también ha usado este recurso. En este caso, el mundo infantil, en el que los niños son los protagonistas, «expulsa» a la presencia adulta, los que sacan al pequeño del universo mágico en el que quiere vivir; y lo hacen otorgándole una existencia imprecisa. Muy popular es el caso de los dibujos de ‘Snoppy’, en los que no sólo no veíamos a adultos, sino que sus voces eran distorsionadas, pues no tenía ninguna importancia nada de lo que pudieran decir. En una línea distinta, tenemos a la Nanny de ‘Los Pequeñecos’, de la que sólo veíamos unas piernas enfundadas en unas divertidas medias. Aunque era una figura cariñosa y protectora, el hecho de que nunca viéramos su cara parecía indicar que los adultos estaban totalmente excluidos de las mágicas aventuras que vivían los protagonistas.
Enemigo sin rostro, enemigo poderoso
Otra faceta que ha revestido la figura de los personajes fantasma es la del peligroso antagonista, con un interesante juego mental: si no vemos a nuestro enemigo, si no somos capaces de conjurar su rostro, éste nos resulta mucho más inquietante y terrible. Nuestra imaginación juega en nuestra contra (y en favor de los guionistas) que puede construir al más terrible monstruo sin que repercuta en un solo céntimo del presupuesto. De hecho, en muchos de los casos que hemos visto, aunque habláramos de comedias, los personajes fantasma eran antagonistas de los personajes que no podían dejar de nombrarlos.

En 1942, un director como Jacques Tourneur supo abrir camino en este aspecto. Su película ‘La mujer pantera’ nos traía a una fémina capaz de convertirse en un monstruo… al que nunca veíamos. Resultaba mucho más efectivo aquello que la mente del espectador fuera capaz de crear que lo que el dinero invertido en unos efectos especiales pudiera conseguir. Así, con un bajo presupuesto y un eficaz uso de la iluminación, se crearon algunas de las criaturas más terroríficas. En la serie ‘El mentalista‘, la enigmática presencia de John El Rojo ayudaba a que el personaje fuera percibido como alguien mucho más peligroso, omnipotente y omnipresente. Y para muchos quedará en nuestra memoria infantil ese brazo metálico que acariciaba a un gato mientras miraba por la pantalla como el Inspector Gadget lograba triunfar una vez más.