El péplum es uno de esos géneros que nació con el mismo cine y que ha llegado hasta nosotros, pasando épocas peores y mejores, modernizándose para adaptarse a lo que se le pide a un blockbuster de primer orden. Muchos le llaman «cine de romanos» pero, en realidad, se refiere a todas esas películas que se ambienta en la Antigüedad, tomando temas tanto griegos, como del Imperio Romano, pero también egipcios, etruscos… Todos tenemos algún recuerdo asociado a estas grandes películas: tardes enteras disfrutando de quilométricas cintas en las que las que el protagonista siempre conseguía vencer gracias a una espada bien afilada y unos puños de acero.
Un género mítico
La palabra péplum para definir este género tenemos que agradecérsela a Jacques Siclier, un crítico francés que la acuñó en la revista Cahiers du Cinéma en el artículo de 1962 ‘La edad del péplum’. El vocablo hace referencia a la vestimenta que suelen llevar los personajes: la clásica túnica sencilla que se abrocha al hombro.
El péplum tiene algunas características fáciles de identificar. Por supuesto, una de las más importantes es la figura del héroe sin paliativos, un ser prácticamente perfecto que lucha por defender la justicia a base de nobleza pero también de fuerza descomunal. ‘Espartaco’ o ‘Hércules’ son buenos ejemplos de ello. El héroe no tiene defectos, a diferencia del villano, un ser que ostenta el poder y que está totalmente corrompido por su ambición. En muchas ocasiones, el valor del protagonista se transforma en ejemplo para el pueblo que, finalmente, se suma a su lucha contra la aflicción que le provoca una autoridad a la que se atreve a cuestionar. Realmente, la presencia de un héroe tan fiero proporciona la excusa perfecta para tener secuencias de lucha y acción, imprescindibles para entender el tremendo éxito del género.

En la línea de todo esto, El Imperio Romano muchas veces se convierte en un personaje más de las películas, que simboliza la decadencia moral y la falta de principios. ‘Quo Vadis?‘ nos sirve como ejemplo. Los ciudadanos empobrecidos habían de resistir las duras pruebas a las que les sometían unos tiranos de primera, amorales y sin escrúpulos. Por eso, la vertiente religiosa del péplum fue tan consumida. A la perfidia romana se enfrentaban los principios de los primeros cristianos, perseguidos y convertidos en mártires, cuyas historias eran lo suficientemente trágicas como para conseguir verdaderas odas a la epopeya humana.
Y es que uno de los subgéneros más importantes dentro del péplum ha sido el tema bíblico. Con el nacimiento del cine, los estudios se dieron cuenta de que, a través de las películas, se podía hacer un tipo de divulgación que llegaría a todos los rincones del mundo y cuyo poder era incomparable con ningún otro medio de expresión (décadas después, la televisión tendría también algo que decir al respecto). Así pues, algunas de las grandes obras cinematográficas como ‘Ben-Hur’ o ‘Los diez mandamientos‘ han basado su épica en el hecho religioso.
Seguramente, el rigor histórico no sea el fuerte más destacable de estas producciones. Muchas intentan contarnos acontecimientos basados en hechos reales, como ‘Los últimos días de Pompeya‘ o ‘La caída del impero romano’, pero les pierde su pasión por la épica. El acontecimiento histórico es sólo un pretexto para desarrollar toda la fábula en la que los momentos trágicos protagonizados por el héroe incorruptible, la mujer a la que hay que salvar y el malvado que será derrotado no ayudaban a contar una historia con el verismo necesario.
Repaso a los orígenes
Hagamos un poquito de historia (nunca mejor dicho) para conocer los orígenes de este gran género. Viajamos muy atrás, a aquellas imágenes en blanco y negro y sin audio que hoy nos parecen tan evocadoras. Italia fue uno de los países precursores de un género que surgió con tintes propagandísticos. Italia era un país recién nacido y se encontraba en permanente lucha con las fuerzas que hasta entonces habían ostentado el poder y que ahora lo veían peligrar. Las películas, dependiendo de su origen, defendían la posición de los primeros cristianos frente al paganismo de Roma; o, por el contrario, ensalzaban el Imperio Romano como un ente civilizador.
Por aquel entonces se le llamaba género colosal porque eso era, precisamente, lo que pretendía plasmar: espectaculares decorados, desmesuradas hazañas, batallas en las que los pueblos se jugaban su destino. Una de las películas más importantes de la época primitiva fue ‘Cabiria’, una cinta de Giovanni Pastrone de 1914, inspirada en ‘Salambó’, la novela de Flaubert. ‘Cabiria‘ relataba la vida de una niña esclava, liberada al tiempo que los romanos derrotaban a los cartagineses. Para los amantes del cine de esos años, son también imprescindibles la ‘Quo Vadis?’, rodada en 1913 y dirigida por Enrico Guazzoni o ‘Los últimos días de Pompeya’, un film de 1908 que contó con la dirección de Luigi Maggi.
La época dorada del péplum y su caída
Para muchos, el auténtico nacimiento del péplum se dio a finales de los 50, cuando la llegada de la televisión marcó una competencia que determinó que el cine apostara de nuevo por argumentos históricos de gran envergadura y puestas en escena espectaculares con multitud de decorados, extras y presupuestos desorbitados. Además, se hicieron nuevas versiones, aún más fastuosas, de películas ya filmadas, como ‘Quo Vadis?’.

En Italia, los estudios Cinecittà vivieron una verdadera etapa de esplendor. El lugar se transformó en una ensoñación de lo que la época antigua representaba, con unos palacios y templos en cartón piedra en los que siempre se estaba rodando una película de este género. Muchas de estas cintas, consideradas de serie B, son, hoy por hoy, auténticas joyas kitsch del mundo del cine, en las que el rigor histórico quedaba empañado por los héroes, los dioses, la acción y un sugerente erotismo.
Mientras, el péplum en Hollywood se convirtió casi en una asignatura obligada para los cineastas y grandes directores como Kubrick (‘Espartaco‘), Joseph L. Mankiewicz (‘Cleopatra‘) o William Wyler (‘Ben-Hur’) probaron suerte con el género. Precisamente, la película de Wyler, de 1959, es uno de los filmes más laureados de la historia, con once Oscars en su haber. Las películas batían récords de presupuesto y espectadores, lanzadas a una carrera en las que el elemento colosal eran su mayor atractivo. Así, actores como Victor Mature, Charlton Heston o Steve Reeves vieron sus nombres grabados con letras de oro en los anales de la historia del cine.
Durante los últimos años 60, el género que había sido sinónimo de éxito rotundo se fue apagando. La repetición de temas y estructuras, los personajes maniqueos de un solo trazo… contribuyeron a que el entusiasmo de los espectadores se fuera agotando en pos de nuevos géneros que apostaran por universos no explorados. ¿Había llegado el final del péplum?
Un merecido renacer
Se seguían haciendo películas «de romanos», pero ya no tenían ese brillo con el que antiguamente parecían resplandecer las armaduras. Sin embargo, en el año 2000, Ridley Scott le dio un nuevo giro a las clásicas historias y revitalizó un género que, a día de hoy, sigue produciendo grandes éxitos y goza de buena salud. Las claves del éxito de ‘Gladiator‘ se basaron en una total remodelación de los estereotipos, con un héroe que sufría, lleno de matices, y unos argumentos nuevos que trajeron sendas aún no exploradas.
Porque la sed de aventuras épicas por parte de los espectadores seguía intacta y así, ‘300‘ o ‘Troya’ fueron auténticos «rompetaquillas» en los que, claro está, la calidad de los efectos especiales en la era de lo digital ha supuesto un acicate brutal para el péplum, del que, esperemos, todavía no hayamos visto su mejor película.
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Te recomiendo el libro ‘La pantalla épica’ (Rafael de España, ediciones T&B), concretamente el capítulo titulado «El peplum».